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A lo sumo la melancolía de una vida demasiado corta para tantas bibliotecas, etc.

Un camino más para llegar al cielo de la Rayuela.

29 julio, 2008

Sentada en mi soledad

Esta mañana salí al balcón de mi misma. Observando el paisaje nevado sentí, al verme cara a cara con el hielo, que delante de mis ojos y detras de mis pupilas estaba -muy claro- el texto con la imagen del frio... diciendome que la nieve está afuera pero la escarcha está adentro.


Decidí que era tiempo de enfrentarme a las nubes de mi realidad y decirte que ya no sos lo que buscaba, o que ya no busco lo que sos, pero que sigo buscando a alguien que sepa pintar de rosa, de risa... Alguien que no trate de entenderme, pero que sepa interpretarme, que crea en lo que soy y que influya en lo que digo... que me quiera y que me ayude a innovar y renovar(me), para bien de los dos.-

22 julio, 2008

Si te sigo mirando desde la ventana, vas a verme vos.
Si me voy, voy yo a dejar de verte.


Y no puedo, no quiero irme. Tengo los ojos clavados en tu espalda y los pies atornillados a la vereda.
El corazón se me va a salir del cuerpo y mi cerebro lo acelera, aún mas, repitiendo constantemente que si te das vuelta ya no habrá forma de disimular mi presencia.


Algo de mí no esotá completamente segura de no querer que lo sepas... pero el miedo a tu reacción me pone en esta disyuntiva: me voy no me voy me voy no me voy...


No tan en el fondo espero que te des vuelta y me veas. Queiro ver tu cara con expresión de sorpresa, que corras hasta aca. Que me abraces de un golpe y me levantes en el aire. Asi de torpe, asi de fuerte pero con todo el cuidado que pones en cada movimiento cuando estás cerca mio.

15 julio, 2008

Esa reacción

Tan de ella, tan rebelde, tan inevitablemente insoportable...

Ella, caprichosa, insiste y no hay quien la haga entender, es lo que ella quiere y nada mas.
Olvidate de negarte, olvidate de decirle yo quiero otra cosa.
No te escucha, no te entiende. Se cierra, se bloquea. Algo en su cerebro se hace bolita y todo le rebota, parece no recibir lo que se niega a percibir y todo intento concluye en fracaso.

El, del otro lado de la mesa, tranquilo, casi apático y sin apuro, toma el mojito que recién pidió. Esta vez él no va a ceder, No va a abandonar su postura. Su no, que suena tan débil, tan fácil de abatir, en el fondo es firme y sólido como una estatua de piedra. No se va a mover, no se va a levantar de donde está. Cuando se le acaben las excusas, simplemente dirá que no, que no quiere, que no tiene ganas. Le explica que decir que no, no implica quererla menos, pero ella no presta atención a sus palabras.

El decide no sentirse mal por eso, porque ésta vez no se siente obligado. Esta vez decidió hacer lo que él quiere sin pedir concenso ni aprobación.

Ella, enojada, decide aportar la cuota de mala onda necesaria para destruir el ambiente festivo y así conseguir lo que tanto quiere. Se enoja, se ofende y discimuladamente lanza miradas furtivas a su alrededor para asegurarse de que todos se percataron de su expresión.

El no se inmuta, sigue mirando por la ventana y tomando sorbitos con cara de estar examinando el mojito, tratando de distinguir los sabores de cada ingrediente, decidiendo sin apuro si le convence o si ha probado mejores.

El ignora y ella se irrita. Le habla y ella no responde. La mira y ella mas se enfurece.

El se ríe de la situación y, al final, ella también.
No era para tanto, no valía la pena.

Y piden otro mojito.

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