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A lo sumo la melancolía de una vida demasiado corta para tantas bibliotecas, etc.

Un camino más para llegar al cielo de la Rayuela.

27 julio, 2009

Lástima que todo haya terminado asi por segunda vez.
Lastima pensar que has cambiado tanto.

15 julio, 2009

Un recuerdo

Estuve en este lugar... tenés que ir, tenés que verlo.
Yo te lo cuento pero en realidad no se puede... porque se puede contar bien bien...

Puede sonar a que te estoy leyendo un forward de los que hacen en diapositivas, pero eso es porque solamente puedo darte una idea de lo que es.

Te hablo de un lugar que queda en Argentina... muy cerca de la Cordillera pero en la base, porque todavía las montañas son mas bien cerros.
Es un pueblito que ni se si llega a ser pueblito, porque no hay nada, pero nada... ni árboles casi... todo pelado, plantas duras y bajas, animales como cabras, ovejas y caballos... horrible es, si te ponés a mirar alrededor -la verdad- es feísimo, porque no es pintoresco, es feo y punto.

Cuando digo que no hay nada es en serio que no hay nada... hay una especie de galpón donde dormimos... un refugio digamos... solo las paredes, techo, puerta y ventanas. No hay luz, no hay gas, no hay nada eh... una salamandra en el centro que en semejante estructura no alcanza para nada.
Arreglate con lo que la naturaleza te da.

A este lugar fuimos a trabajar (fuimos porque, obviamente, no fui sola)... no voy a hablar del trabajo que hicimos porque no viene al caso, lo unico que si quiero decir es que era de esos trabajos que requieren mucho esfuerzo físico... que después del primer día estás cansado, después del segundo estás más cansado y después del tercero ya no sabés cómo fue que te levantaste y mucho menos cómo te mantenés en pie, pero aún así no bajas el ritmo de trabajo... porque hay algo que te mueve (o que alguien me explique cómo es posible).


Un frío a la noche... terrible, porque no importa cuánta ropa te pongas, tenés frío y temblás sin control.
Y de día sale el sol y hace -no se- treinta grados... no exagero.

Estuvimos diez días y nueve noches.
Todas esas noches, después de comer, hacíamos un fogón.
Eso era lo mejor... las fogatas con amigos son lo mejor... hablar incoherencias, hacer teorías, libre asociación, cantar... siempre alguno lleva una guitarra... reirte de nada... que se yo... momentos de esos que no sabés qué hacer para no desperdiciar absolutamente nada, porque aunque estés en el medio de la nada, a la intemperie con doce grados bajo cero, lo único que pedís es que el tiempo no se esfume... que dure un poco mas, que se estiren las horas...

Y -mas tarde- cuando algunos se fueron a dormir y otros se durmieron ahí, cerca del calor del fuego, hablar en serio... de lo que pensamos, de lo que pasamos, de la vida, de un sueño, de un proyecto, de nosotros...
Cuando el fuego casi se apaga, en un grupito de seis o siete, alumbrados únicamente por la luna y las seis o siete linternas que lleva cada uno, levantarnos y caminar. Te repito lo del frío porque es impresionante... y la oscuridad es increíble también. Y la noche es linda, porque tiene algo que la hace linda...
Yo creo que es el hecho de sentir la contradicción entre la soledad de un lugar tan aislado y la compañía de amigos, el miedo de no ver qué hay sesenta centímetros mas allá y mirar para arriba y ver que eso es lo que lo hace tan fascinante... y el misterio del silencio...

No nos alejamos mucho porque no se ve nada. No es que se ve poco, no se ve nada...
En una especie de montículo que hay en la tierra, con un poco de pasto medio-verde-medio-seco nos tirabamos a mirar el cielo.

Te juro nunca había visto algo así.

A mi siempre me gustó mirar el cielo y las estrellas ¿a quién no? pero el cielo ahí es otro cielo, es inenarrable porque hay tantas estrellas pero tantas... y la luna es gigante y blanca... pero lo impactante es la canitdad de estrellas... mas grandes, mas chiquitas, una al lado de la otra... lo tenes que ver porque no te lo imaginás. Te parece ver profundidades y colores diferentes pero es porque tanta magnificencia te encandila...

La cantidad de estrellas fugaces... pedís un deseo por la primera, otro por la segunda... pero llega un momento que ya no se te ocurren deseos nuevos y ya pediste todos los que tenías en espera...

Ahí ya no hablabamos... nunca... todos estabamos tirados en la tierra, cansados pero como sin sueño, mirando el cielo y nada mas. El frío se hace nada porque lo sentís en la cara y en las manos, en los pies... sentis que te envuelve pero dejas de temblar porque eso ya pasó a otro plano.. quedó opacado...

Y no decíamos nada porque qué vas a decir, si todos sentíamos lo mismo y veíamos lo mismo... y lo compartíamos pero hablar era arruinarlo un poco -si es que era posible- porque allá, tan lejos de todo, el silencio también era raro.

Y mirabamos el cielo y escuchabamos. Y yo pensaba... eso es un grillo, las hojas de ese árbol de alla... un búho? hay búhos por aca?... pero no es eso lo que querés distinguir.
Hay algo mas... y no sabés qué es, pero que hay algo más te lo aseguro.

Ojalá pudiera contartelo exactamente como es... ojalá pudieras ver ese cielo... te quedás sin palabras. Porque no hay palabras... y pensas en las personas que queres... cara y nombre, cara y nombre, como una lista... y pedís que todos ellos puedan estar ahí alguna vez.

Y después te quedás con la mente en blanco porque es tan inmenso y tan no-se-qué... tan hermoso...

Te conectás de alguna forma a no-se-que-cosa...
Lo tenés que ver. Tenés que ir a un lugar así...

10 julio, 2009

A vos te escribo...

Que volviste a llamarme.
Que volviste a buscarme.

Que volviste a tenerme.
Y te tragó la tierra.
Desapareciste.

Te perdiste entre tus mentiras.
Cobarde, mentiroso.
Arruinaste lo que sentía por vos.

01 julio, 2009

Ojala no supiera que escondes algo

así podría fingir que no observo cada movimiento tuyo
esperando que uno de ellos te delate

y decirte que lo sé
aunque creías que no.
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